lunes, 21 de diciembre de 2009

El éxito de Copenhague

Vuelvo de Copenhague decepcionado pero también con cierta satisfacción.
Cualquiera que estudie en profundidad el cambio climático sabe que eran necesarios avances urgentes. Por mucho que nos pese, se ha firmado una declaración de intenciones que está muy lejos del acuerdo ambicioso, justo y jurídicamente vinculante que necesitamos.

Pero ¿qué queríamos?, ¿cambiar el mundo en 15 días?
Los delegados llevan negociando años, la trascendencia de los planteamientos del borrador con el que se llegó aquí era enorme, la crisis climática también es económica, alimentaria, energética y de valores. Las expectativas eran altísimas. Habíamos colocado sobre los hombros de los delegados una enorme presión. La cumbre del clima podía cambiar muchas cosas, nos estábamos jugando enormes intereses económicos, nuestro futuro como especie y nuestra credibilidad como sociedad avanzada. No se podía firmar cualquier cosa.


¿Decepción? Sin duda. ¿Fracaso? Matizable. Veamos.
La crisis climática es la mayor amenaza a la que se ha enfrentado la humanidad y sus conexiones con todos los aspectos de la actividad humana harán que sea necesario buscar soluciones y realizar reformas durante años. Se deberían haber fijado objetivos de reducción de gases y llegado a acuerdos vinculantes jurídicamente, además de otras muchas cosas que no se han decidido. Pero lo primero ha sido contar con un consenso mundial que no existía y eso se ha conseguido. Hay que tener en cuenta que EEUU y otros países necesitan la confirmación de sus Congresos Nacionales para suscribir acuerdos vinculantes. Las espadas están en alto y la próxima cumbre será definitiva. Por eso considero que es mejor lo que ha sucedido que haber firmado un mal acuerdo y que de la cumbre hay mucho que resaltar y reconocer.


Lo primero es resaltar la dedicación...

...y encomiable esfuerzo de los hombres y mujeres de todo el planeta que han estado buscando titánicamente ponerse de acuerdo durante tantos meses. Aunque la convención ha estado a punto de romperse en varios momentos de la negociación y cinco países no han suscrito la declaración final, el proceso ha demostrado la importancia de la democracia global que representa la ONU, basada en la inclusión de todos, el respeto y el diálogo, algo muy necesario para afrontar los retos que este desafío aún nos tiene reservados.


Son imperdonables los errores de organización y el trato de la policía danesa. Muchos han reclamado mayor presencia de la sociedad civil en los últimos días, pero hay que valorar que más de 15.000 observadores han estado presentes durante casi todo el proceso, lo que ha permitido garantizar la transparencia de las negociaciones.


Segundo y muy importante, la dimensión de la propia cumbre.

Si en 1997 en Kyoto sólo hubo un Jefe de Estado, el anfitrión japonés, en Copenhague han estado presentes más de 190 líderes del mundo y por primera vez todas las grandes potencias se han comprometido a poner en marcha mecanismos que impidan que la temperatura no se incremente más allá de 2 grados, además de reconocer su responsabilidad y la necesidad de ayudar a los países más pobres con cifras claras para adaptación y mitigación.

Por fin, un asunto maltratado durante años, la defensa del clima, ha puesto a todos los países del mundo a trabajar en pro de un beneficio común, incluidos los que quedaron fuera de Kyoto. Y lo importante es que ha suscitado el interés de los todos medios de comunicación, de la clase política y económica y de toda la sociedad, en todo el planeta. No es este un asunto baladí.

Tercero...

La aceptación definitiva y por escrito de que “el cambio climático es uno de los más grandes desafíos de nuestro tiempo y que hay que alcanzar el objetivo de reducir los gases de efecto invernadero para prevenir peligrosas interferencias de origen antropogénico en el clima”. Pocas teorías científicas han tenido tanto respaldo oficial. El cambio climático ha superado el consenso científico y ya está entre las prioridades de la agenda política. El documento está en Internet y los políticos se han comprometido a actuar. Creo que es el mayor éxito de la causa verde y los efectos de su onda expansiva los veremos los próximos años. En este sentido, sería injusto no reconocer el trabajo que llevan haciendo miles de agrupaciones medioambientalistas y ONGs, y el gran mérito científico y mediático que le debemos a los autores del 4º informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU y a la figura de Al Gore y su “verdad incómoda”. Sin su eficaz llamada de alerta no estaríamos ahora planteándonos cómo cambiar el mundo para no hipotecar el futuro de las próximas generaciones.


Cuarto, no podemos permitirnos ser pesimistas, queda mucho por hacer.

Es decepcionante que no consigamos avanzar al ritmo que exige el problema. No se ha conseguido que las medidas de reducción de emisiones sean de obligado cumplimiento y se ha hablado poco sobre la creación de un marco jurídico global que nos permita protegernos y proteger a la naturaleza de las agresiones de los intereses privados.

Pero también hay que decir que se ha adelantado mucho en otras materias de primer orden. En arquitectura financiera, por ejemplo, para proporcionar los recursos que necesitan los países en vías de desarrollo, hay un consenso refrendado por el propio Obama y el compromiso está recogido en el “acuerdo”. También hay consenso a la hora de financiar a los países pobres para que protejan los bosques y detengan la deforestación, un logro ya de por si fundamental para reducir las emisiones y proteger la biodiversidad. Además se ha incluido en el texto final, que cada país debe poner las medidas necesarias para reducir las emisiones en el marco de un desarrollo sostenible, concepto del que vamos a oir hablar mucho en adelante. También se afirma explícitamente que serán necesarias medidas de mitigación, asumiendo los impactos futuros y sus costes.

Por último, el mercado.

Ha quedado fuera del trato la transformación de un mercado de emisiones que se ha tornado ineficaz a la hora de reducir las mismas (han aumentado un 40% desde Kyoto, a la vez que enriquecían a los especuladores de siempre). La alternativa, el impuesto sobre el carbono, aún tiene que encontrar el consenso.

Sin embargo, la presencia de grandes corporaciones demuestra que el capital ha doblado la rodilla ante la necesidad de redefinir las reglas del juego después de Copenhague. Las empresas han visto que lo más rentable es subirse cuanto antes a este carro, transformarse y prepararse para las leyes que los gobiernos y el mercado les van a exigir en un futuro muy próximo. Es fundamental que lo hagan. Tampoco se ha tratado lo suficiente la necesidad de un cambio en el modelo de consumo. No podemos seguir haciendo las cosas como hasta ahora, hay muchas soluciones que se pueden poner en marcha. Se impone apoyar un crecimiento basado en el consumo de productos y servicios sostenibles. No protegemos nada si destruimos menos.

De todo esto se ha hablado, y mucho, en la cumbre paralela: Klimaforum, un enorme encuentro de acceso gratuito y con un programa de actividades de máxima categoría que ha unido al público con los principales pensadores, empresas, creadores e investigadores en el esfuerzo común de buscar soluciones. Los que saben lo que nos jugamos en los próximos años reclaman un nuevo paradigma, quieren cambiarlo todo. Y hay mucho que cambiar. Pero debemos ser conscientes que para realizar el cambio necesario tenemos que ir todos a una y que gran parte de la sociedad aún desconoce o rechaza lo que representa el cambio climático. Será de vital importancia que Copenhague sea un punto de inflexión en este sentido.

El echo de que los representantes de todo el planeta acepten que el calentamiento global se debe a la actividad humana tiene que hacer reflexionar a los que aún no asumen la realidad y se empeñan en negar las evidencias o atacar al mensajero. Es vital que comprendan que es un asunto que nos afecta a todos. Y es vital que los gobiernos informen adecuadamente a sus pueblos. Necesitamos campañas de concienciación para que el abandono de los hábitos contaminadores y derrochadores sea lo más rápido posible. Sin la complicidad de todos, este cambio no será posible.

¿O acaso no queremos cambiar?

En los años que llevo trabajando en concienciación sobre cambio climático he visto que la gente, cuando comprende que el actual sistema deteriora nuestro entorno, limita nuestros recursos y pone en peligro nuestra sociedad, inmediatamente se pregunta ¿y qué puedo hacer para cambiar? Hay que cambiar muchas cosas si queremos que nuestros hijos y nietos tengan una vida de oportunidades y un entorno climático aceptable.

Sería muy fácil pedir que se pare inmediatamente de extraer y quemar combustibles fósiles y que se reforeste el planeta. Ambas cosas son necesarias pero no son viables sin establecer plazos, crear leyes universales y dedicar recursos. Las próximas generaciones también tienen derecho a disfrutar de los beneficios del petróleo y, si no nos esmeramos, es probable que hasta que encontremos un sistema energético global sustitutivo consumamos cerca del 50% de las reservas actuales, lo cual hace más fácil que la temperatura media suba por encima de los 2º de seguridad.

Por eso es tan importante trabajar todos unidos y tomar las medidas adecuadas. Con todos los años de retraso que llevamos, poco importa que nos lleve un poco más.

Copenhague ha sido un éxito porque ha puesto las cartas sobre la mesa y todo el planeta ha aceptado jugar. Lo que ocurre es que el juego es tan “estratosférico” que tendremos que echar muchas manos para jugarlo bien. Aquí no se puede hacer trampas.


Angel Cano García-Hidalgo

Responsable de comunicación de The Climate Project Spain.

1 comentario:

  1. Hola Angel

    Creo que tienes razón en que hay que buscar el lado positivo al asunto de Copenhague... Enhorabuena por el razonamiento

    Kelo

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